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Los pequeños círculos de mujeres es una práctica cada vez más frecuente, inspirada en las reuniones de ancianas que antiguamente trataban las cuestiones que afectaban al bien de la comunidad. A ellas acudía la tribu en busca de autoridad y consejo.

Ilustración: «Las Mujeres Sabias hacen círculos». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Un cierto número de mujeres sentadas en círculo es un buen lugar para apreciar el poder de lo femenino en acción. Allí se ponen en común experiencias, pensamientos y emociones, y pueden surgir cantos, danzas y rituales de transición o celebración. Es un espacio seguro donde se permite ser lo que eres en cada momento, sin corazas.

El poder sanador del grupo está en sentir empatía y compasión por los demás, y considerar las historias contadas en primera persona una manera de aprender.

Un círculo de mujeres puede funcionar, además, como rampa de lanzamiento para emprender los cambios que se sueñan. En ese lugar, se conecta con las raíces, con la sabiduría de nuestros ancestros, con la naturaleza y con la espiritualidad dentro de cada uno.

Desde la hermandad, se llega a grandes consensos y acciones. Así, se logrará un cambio en la conciencia y en la clase de relaciones que unen a hombres y mujeres. Así lo ha investigado Jean Shinoda Bolen psicoterapeuta norteamericana autora, entre otros, de “Las Diosas de la Mujer Madura” y “El Millonésimo Cículo” y afirma que los círculos van a ayudar al cambio de conciencia en este planeta.

 

¿Y tú qué crees que puedes aportar?

¿Qué experiencia tienes en círculos de mujeres que quieras compartir?

 

 

 

El destino ha querido que este fin de año y comienzos del nuevo viajara por primera vez en mi vida a Chile. Allí me encontré sin prisa, sin teléfono móvil, sin planes, sin rumbo, con tiempo, con presencia, despierta, con el radar atento adonde necesite ir.

Son las condiciones perfectas para un ser humano temporalmente fuera del rol de madre de familia con apretados horarios y obligaciones. ¿No sería buenísimo mantener esas condiciones cuando esté con mis hijos?

Con Leslie Power en nuestro primer encuentro en Santiago de Chile. Diciembre 2013

Mi primer contacto con Leslie Power, psicóloga al servicio del saber femenino, la crianza y creadora de círculos de mujeres, fue hace pocas semanas por Facebook. Sophia Style, una reconocida doula en España, habló de mi calendario 2014 Las Diosas que hay en Ti y Leslie fue la primera en pedirlo: “¿Dónde los puedo conseguir en Chile?”. Y yo, cosas de la vida, viajaba a ese país por vacaciones esta Navidad.

Aquel comentario inicial y otros mensajes posteriores, se convirtieron en mi primer y único cordón umbilical con el cono sur, con ese lugar del mundo que ansiaba explorar con todo mi corazón.

Cuatro días más tarde de mi aterrizaje en Santiago de Chile, un 26 de diciembre de 2013, entre las calles Providencia y Guardia Vieja, aparece Leslie con dos de sus cuatro hijos: la mayor de 16, Camila y la pequeña de 8 meses, Clara Luna, enganchada a su cuerpo como cría de canguro. Me cautiva de inmediato la luz que desprende esta mujer joven y sabia.

Leslie cuenta en seguida que a ella se le abrió su parte clarividente, “mamífera”, cual radar primordial femenino, cuando quedó embarazada de su último bebé. Entrar en esa dimensión de sabiduría y consciencia le convenció aún más de ponerse al servicio de las mujeres.

Durante esta cita en plena calle, Leslie me daría varias recomendaciones en cuanto a mujeres interesantes para conocer y a editores y distribuidores para promover mis calendarios y agendas de Las Diosas que hay en Ti 2014.  Tras quedarse con varios ejemplares  y compartir un té, Leslie continua su ruta familiar.

Antes de irse me invita a su próximo círculo de mujeres el 4 de enero de 2014. Decido que hasta esa fecha no me iría del país. Pronto descubro que Leslie es toda una figura en el camino de acompañar y empoderar a las mujeres y a las familias. ¡Qué bulliciosa certeza me inunda! Esa que nace de saber que una está en el lugar que toca, cruzándose con las personas que corresponden a ese momento. Fortuna de vida.

Así surge la magia de este viaje a Chile que jamás olvidaré. Cada encuentro con las personas allí ha sido tan enriquecedor que aún me pellizco para ver si estoy soñando. Me siento conectada a esa parte instintiva que predica Leslie, el mejor timón cuando una se mueve por el otro hemisferio del planeta, sola, sin miedo, con amor, abierta al descubrimiento y al intercambio. En ese estado sólo los milagros son posibles. El día «d» llegó y apresurada cogí un taxi a casa de Leslie. Me encuentro con trece mujeres sentadas en círculo y a Leslie vestida con una falda roja larga, en un sillón. Les habla de honrar nuestra parte orgánica, de confiar en nuestro olfato, ese que no se equivoca. Comunica poseída por una fuerza y un saber antiguos, un convencimiento que atrapa e hipnotiza, mientras las madres la escuchan impresionadas.

Leslie Power en pleno círculo de mujeres.

Tras plantear ese marco teórico-emocional de alta frecuencia pide que se presenten y cuenten una por una, qué las ha traído “a la punta del cerro”, donde vive. Por turno, hablan mientras se pasan un mullido corazón de tela. Afloran sentimientos encontrados respecto a la maternidad, mientras Leslie apela a que expresen en qué parte de su cuerpo está la sensación o el dolor. Aconseja dejarse guiar por la propia sabiduría. 

“El verdadero feminismo es aquel que reconoce a una mujer con todos sus ciclos”, comenta. Oír de su boca que “las mujeres deben instaurar la política de la ética del cuidado”, me da que pensar. No encuentro ética más urgente, empezando por la atención a nosotras mismas y a nuestros hijos.

Desde su aparente solidez, estas trece mujeres con o sin tripa de diferente grado de embarazo, lactancias en vivo y miradas cómplices, comparten dudas y preocupaciones. Unidas por la creencia de no estar preparadas lo suficiente para la inmensa tarea que se les presupone: la maternidad. “No me considero una buena madre”, confiesan muchas.

No dejo de pensar que la autoestima y la confianza en nosotras mismas son los dos pilares básicos para crear esta nueva mujer que está surgiendo. Paseo la vista por la estancia que ha preparado Leslie, llena de alfombras y cojines, y por bebés que maman, balbucean o gatean.

Tras intervenir dos hermanas, una de ellas militar, Fernanda, son descritas por Leslie como demasiado obedientes a la madre. “Le doy el pecho al bebé porque mi mamá dice que es bueno” –explica la soldado, “pero creo que ya no puedo seguir dándole”. Leslie le responde: “Hasta que no obedezcas tu propio mandato, no el de tu madre, y escuches tu propia voz e instinto de amamantar, la leche no saldrá o no disfrutarás de ese proceso. La madre está para darse y nutrir a su bebé, para dar su cuerpo a sus hijos”.

Otro de los mantras que repite Leslie Power tras escuchar a varias participantes: “Necesitamos piel, gran parte de los traumas llegan de no haber tenido suficiente piel de nuestra madre. El vacío de mamá se traduce muchas veces en dolor de tripa”. Si no entendemos a nuestros hijos, si creemos que no sabemos, no pasa nada, démosle sólo un abrazo con amor, desde nuestra humana condición. -Cuántas ideas interesantes para observar luego, para sentir con mis hijos, en mi vuelta a casa.-.

Vista de Santiago de Chile desde el Cerro de San Cristóbal.

Las lágrimas asoman a los ojos de muchas cuando Leslie les transmite con vehemencia que no es malo ni antinatural tener sensaciones encontradas  con respecto a nuestra prole: Rechazar de pronto al hijo adolescente frente al pequeño o el que está por venir, es natural. Pues a esa edad, el grande ha perdido el olor a cachorro y la madre por tanto no busca tanto su contacto, en parte por una cuestión de sabiduría de la naturaleza para evitar confusión e incesto. Lo primero es atender a la nueva criatura necesitada. Nada de complicados diagnósticos psiquiátricos: puro sentido común, que olvidamos en el cajón de las creencias que nos limitan.

Otra chica a mi lado cuenta lo poderosa que se sintió al parir en casa sin ayuda médica, rodeada por su familia. Sirve de referente a las demás, que le preguntan.  Confió en su propio saber y todo resultó bien.

Creo que si una está abierta, nunca vuelve a ser la misma tras un círculo con Leslie Power. Ella anima de forma constante a seguir el instinto. Gracias a mujeres como tú, Leslie, el mundo está cambiando. Yo quiero girar contigo en este círculo!!! Espero poder hacerlo muy pronto. Animo a todas las mujeres que viajen y se encuentren con otras mujeres. Somos tan parecidas! Tan maravillosas, con las mismas dudas y los mismos talentos, grandes, poderosas! Mi proyecto Las Diosas que hay en Ti me ha llevado a muy buen puerto.

Hice este dibujo de Leslie Power el día de conocerla.

Además, cuando estamos juntas segregamos oxitocina, una hormona que nos hace sentir mucho placer, según explica Leslie.


Y la vida está para ser disfrutada. Ese es el mejor ejemplo para nuestros hijos. Que vean que las mujeres, sus madres, usamos nuestra libertad para ser felices y cumplir nuestros propios sueños, no los de ellos, sólo nuestros. Y a por ellos vamos. Juntas.  Pues esa felicidad nuestra repercute luego en toda la tribu, en el planeta entero. Gracias a la vida!!