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Como portal esencial a la vida, la vagina y toda la parte externa de entrada, la vulva o yoni, deben ser celebradas. Desde la Prehistoria, los triángulos púbicos se dibujaban en las cavernas, como símbolo de un espacio sagrado. Yo he querido dibujarla para mi agenda y calendario Cuerpo de Mujer inspirándome en la obra de la artista americana Judy Chicago.

Así como el agua mana por las hendiduras de la roca, el brote de la semilla se abre paso por la tierra. Del mismo modo, emergen por esta misteriosa abertura con forma de flor, la sangre menstrual, el líquido amniótico al romper aguas y las criaturas al nacer.

«Mi portal sagrado»( inspirado en Judy Chicago) Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Querida vulva: ¿Cuándo perdiste tu venerable sentido? ¿Cómo pude aprisionarte y esconderte con ropa interior sintética y pantalones apretados? ¿Quién osó considerarte zona impura?

Hoy es el momento de acercarme a ti y reconocer la maravilla que eres. Por eso, cuando puedo, me pongo faldas de vuelo y te dejo tomar el aire. Sin duda, nuestra cueva sagrada es un valioso tesoro que hay que cuidar.

Entre los labios de la vulva habita el clítoris. El único órgano humano cuya exclusiva función es la de generar placer. Con sus ocho mil terminaciones nerviosas, es la parte más erógena del cuerpo femenino. Sin embargo, la experiencia sexual no se limita a este lugar, como tampoco el goce masculino se localiza solo solo en el pene.

Sabemos que para vivir nuestra sexualidad, no es imprescindible el contacto con una pareja. Es muy necesario y saludable permitirse momentos de intimidad personal, para conocer y mover la vida del propio cuerpo. Cuando una mujer cuida y se conecta con su extraordinaria energía sexual y creativa, reconquista todo su poder personal.

 

¿Cómo puedes honrar tu cueva sagrada?

 

Con la llegada de marzo, mi mes, me entran ganas de ponerme en camino y sacar a la luz mis piernas. Pero esta vez mucho más consciente que otras veces. Me doy cuenta de lo importante que es estar feliz con ellas. Y que mis piernas se enteren, para regarme de salud y vitalidad. Son nuestras raíces, al fin y al cabo.

Ilustración: «Mis piernas». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Mis piernas son los pilares firmes y esplendorosos que me sostienen. Me llevan allá adonde quiero. Ligadas al viaje individual de la vida, son dos columnas que me unen a los pies y simbolizan cuán enraizada estoy.

Consideradas desde siempre objetos de belleza y deseo, las piernas han cautivado a artistas como Degas o Botero. Son sexys, se entrelazan y pueden llegar a ser acrobáticas. Dibujarlas para Cuerpo de Mujer ha sido un placer para mí y me gusta el tono oriental que ha tomado la ilustración.

Pero son mucho más: “Las piernas son poleas que nos ayudan a elevarnos y, a veces, sirven de anillo para rodear al amante”, según la escritora Clarissa Pínkola Estés. Y añade: “no pueden ser demasiado esto o demasiado lo otro. Son lo que son”.

Para crear mil y un movimientos, reales o imaginarios, las piernas combinan la potencia de los muslos y la versatilidad de las rodillas y los pies. El ritmo de nuestros pasos es la danza que nos permite expresarnos y graduar la intensidad de nuestro camino vital.

Mención especial se merece el mullido reino de los muslos. Envuelven el hueso más largo de nuestra fisonomía, el fémur, hasta dejarse engullir por las ingles y encaramarse por las caderas. Tan cerca de la cueva sagrada, tan sensibles, los muslos tersos de juventud, tiemblan sensuales al madurar.

Si acaricias tus piernas con amor y consciencia, te devolverán con creces tu conexión a la Madre Tierra y, todo tu cuerpo, se entregará a la dicha de estar vivo. Y eso, le hace mucha falta.

 

¿Estás atenta a los pilares que te sostienen en la tierra?