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Hola septiembre, nuevo curso, nueva era, casi nuevo año. Siempre celebro el 31 de agosto como si fuera otro Fin de Año, o fin de estación. Nueva oportunidad para crear, recrear, inventarse otra forma de estar en el mundo. ¡Qué aburrido ser la misma niña asustadiza! La cuido y la acepto pero ahora elijo confiar en mi fuerza, en mi capacidad para cocinar mi vida y bailarla a mi gusto! Vamos a ver si nos inspiramos un poco… con este Cuerpo de Mujer que tenemos!

Ilustración: «Mis brazos y manos, ramas de mi corazón». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Me gusta ver a mis brazos y manos danzar cual amapolas meciéndose en los campos, y utilizarlos para todas las actividades creativas del mundo. Brazos milagrosos que a todo alcanzáis, fieles mensajeros entre la realidad y mis sueños. Cuanto más creo, más capaz me veo y más feliz me siento. Haciendo encuentro mi elemento.

Brazos y manos están muy vinculados al corazón. De hecho, casi salen de él, por eso expresan tanto. El sentido del tacto tiene poder sanador, siendo capaz de liberar viejos bloqueos de energía estancada. Cuando abrazamos nos recargamos de inmediato. Incluso el automasaje, despierta la sensibilidad dormida de cada célula. Por eso, a pesar de que muchas veces lo he temido, hoy me rindo al inmenso poder del tacto.

Como todos los paisajes corporales, los brazos también sufren su metamorfosis. Con la edad, pueden salirle alas. No te inquiete ver colgar la piel de tu brazo. Estas alas se abren, también, en sentido literal. Los brazos representan, además de tu potencial de acción y tu fuerza, el poder de expresar y abrirte al amor. Por los crecientes surcos azules del dorso de tus manos, si lo permites, tu corazón puede latir más hondo cada año.

Las manos son muy sensitivas. Todas podemos activarlas y abrirnos a recibir la energía sanadora del universo para transmitirla. Es muy simple, pon la atención en la palma y, sin forzar, permite que lo que tenga que ocurrir, ocurra.
Da voz a tus manos. Pinta, cocina, escribe, amasa, baila, teje, inventa, toca, abraza, … Eres el útero creador del universo. Encuentra tu elemento como prodigiosa artesana. Tus creaciones tienen éxito cuando rompes tu armadura y permites hablar a tu corazón

 

¿Cómo hablan tus manos?

 

Acabo de regresar de un encuentro ayurveda en la Mancha, cerca de Ciudad Real, en el que un numeroso grupo de personas hemos estado comiendo, hablando, cantando y haciendo yoga. La persona que allí nos congregaba, el doctor Rajbir, comentaba que todo es amor, que busquemos el amor en nosotros. Durante las horas que duró el encuentro apenas pude sentir esa comunión con el cosmos. Hacía mucho calor y poca sombra bajo la que refugiarse, para reconocer algún atisbo de la mística que hay en mí. Pero ha sido al regresar y reposar lo allí vivido y cantado cuando vuelvo a saborear esa conexión con todo.

Amo mis pechos

Ilustración: «Mis pechos, fuentes del amor». Acrílico sobre papel hecho por Elena Caballero.

 

Recuerdo que hace años tuve la visión de que sin amor, no valía la pena nada de nuestro entorno, una casa hecha sin amor, no brilla, no se sostiene, nada, ni un guiso, ni un paseo, ni una pareja, ni un engranaje atómico, ni una cuenta abultada en el banco.

Ahora escuchando al neurocirujano Mario Alonso Puig he vuelto a recordar que el amor es la única práctica, pues afirma que el único antídoto real frente al miedo, el resentimiento o la ira y todas las enfermedades que esas emociones desencadenan, es el amor. Y la gratitud. ¿Y dónde sitúo todo esta energía amorosa en mí, dónde la busco, y cuantas veces no encuentro? En mi pecho. Mejor dicho, en mis pechos, porque soy una mujer. Y aceptarme y quererme yo, tal cual soy en este momento, es el desencadenante del amor que construirá mi vida, los segundos siguientes.

Y vuelvo mi calendario Cuerpo de Mujer 2017 en el mes de agosto y encuentro a mi preciosa Pachamama, -que mereció servir de portada con su dulce gesto-. Y esto pude escribir sobre los pechos y cómo amarlos y cuidarlos como parte fundamental de mi anatomía:

«Mis pechos son pequeños, suaves y sensibles, siempre presentes en mi latido, bajo mis ropas. Con su vibrante tejido, su areola y su pezón, son la más gustosa metáfora del dar y recibir. Representan la generosa abundancia de la naturaleza en mi cuerpo. Primero producen leche y, por extensión, cariño y ternura.

Ojalá todas las mujeres reconocieran generosamente la enorme variedad de tamaños y formas de los pechos y cómo varían de una mujer a otra. Comprenderían qué percepción más sesgada tenemos de nuestras fieles compañeras, las tetas, y cómo las manipulamos para adaptarlas a los gustos imperantes de la sociedad.

Los pechos están situados en el centro energético del cuarto chacra, cerca del corazón. Una zona asociada al amor incondicional y los sentimientos. ¡Cuánto alivio y consuelo han proporcionado los pechos femeninos! Del mismo modo, este lugar es capaz de generar emociones en sus más diversas expresiones. Desde aquí, emana la capacidad de transmutar el dolor mediante el proceso del llanto, el perdón – a otros y quizás a nosotras mismas también – para después, dejarlo marchar.

Anímate a conocer tus pechos y entender su anatomía. Observa cómo se transforman al ritmo de tus ciclos… Se merecen tanta o más atención que tu cutis o tu pelo. Cada vez que lo necesites o cuando te duches, imagínate que tus manos tienen un mágico poder sanador. Mira tus pechos y axilas y acarícialos con amorosa ternura. Gracias a este mimo atento y placentero, puedes nutrirte de un caudal extra de poderosa energía vital».

¡Feliz Verano, hemisferio Norte! ¡Feliz invierno, hermano Sur!

 

Y yo te -me- pregunto: ¿Qué parte de ti necesita de tu cariño?