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A medida que cultiva su calma interior, la mujer se aleja de la mente y se detiene a escuchar su cuerpo.  Es momento de concederse espacios para aprender a disfrutar de toda la gama de sensaciones que se pueden experimentar a través de los sentidos.

Ilustración: «Afrodita madura. La Mujer Sabia ama su cuerpo». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Cuando una se acepta tal cual es, sólo hay espacio para explorar, y  deja de sufrir por la falsa creencia de que sólo si tienes pareja, o si eres joven o delgada, eres adecuada. La Sabia atiende su deseo de contacto físico amoroso, y de comunicación emocional y espiritual con el otro, -y por supuesto también consigo misma- porque quiere sentirse una mujer plena.

Otorgarse a una misma cuidado y atención cariñosa a menudo es el secreto para vivir espléndidas esta etapa: caminar al aire libre, bailar, nadar, abrazar, disfrutar de la sexualidad sola o acompañada o de un buen masaje.

La madurez no arrebata la sensualidad de las personas, al contrario, si se cultiva, crece cada día. Quizás esta mujer no irradia tanta frescura como antes pero sí irradia profundidad. Y si está enraizada en su cuerpo femenino, rezuma mucho atractivo.

 

¿Qué creencia debes eliminar para disfrutar de tu cuerpo ahora?

 

 

 

 

Cuando una mujer entra en la madurez, plena de vehemencia y generosidad, puede aprovechar ese ímpetu para revertir lo que ella ha recibido de la vida. Ponerse al servicio le hace valorarse y apreciar la existencia, y empieza, en primer lugar, por darse a una misma un cuidado atento y cariñoso.

Ilustración: «El abrazo. La Mujer Sabia es compasión». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Como estamos viendo en la serie de Las Mujeres Sabias que hay en Ti, a medida que crece la experiencia vital, las mujeres desarrollan un mayor sentido de la compasión, que podríamos definir como una corriente de empatía por la infelicidad de los demás y un deseo de querer aliviar su sufrimiento.

Cuando llegamos a la edad madura es posible que nuestros padres, si aún viven, se hayan hecho viejos y dependientes, y nuestra relación con ellos cambia. Ellos, u otras personas cercanas, pueden activar nuestra capacidad de aceptación, de escuchar con empatía, sin juicios. Esa capacidad debe ser puesta en primer lugar ante nosotras mismas, para abrazarnos tal y como somos hoy.

Con compasión podemos convertirnos en alguien “más grande” capaz de abrirse y sostener nuestro propio dolor, y el dolor y la posible rabia o temor de los demás, y sólo sentir comprensión, bondad y ternura.

 

¿Cómo puedo ser más útil AHORA con lo que tengo y con lo que soy?