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Estrenamos abril con una de las guerreras sin la cual nada verdaderamente bueno se puede alcanzar. Es curioso que haya caído en el domingo de Resurrección. ¿Será que cuando a veces parezca el fin, solo toca volver a empezar?

La dibujé como una mujer poderosa, dispuesta a subir a una gran montaña, pero tan segura de la verdad y el poder de su objetivo que aunque a veces se agote no pierde la sonrisa.

Ilustración: «Guerrera del Esfuerzo Entusiasta». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Porque sin la voluntad de esta dama no consigo realizar nada que valga la pena. Esforzarse es poner el brío en hacer las cosas que sé que son positivas, aunque en ocasiones no me resulten fáciles o placenteras.

Esta Guerrera de la Luz, la que no se rinde, me recuerda que mi gran aliado, desde el principio, es pensar: Yo puedo. Si no creo en mí, ni confío en mi objetivo, no querré hacerlo ni invertiré suficientes arrestos en ello.

Gran enemiga es la pereza. La pereza de postergar y también la pereza de afirmar yo no soy capaz, que suele ser excusa para no volcar la energía necesaria hacia donde pretendo llegar.

Cuando mi motivación es grande, por muy difíciles que se pongan las cosas, no cejaré hasta conseguir lo que me he propuesto. Y a la vez sabré detectar los necesarios momentos de descanso.

El esfuerzo entusiasta es semejante a la armadura que se pone una guerrera antes de la batalla, ya que siempre cabe el riesgo de resultar herida. Si tuviera un temor insuperable a recibir cualquier golpe, no se dignaría a luchar.

Con esta imagen en mente me pertrecho frente a los retos sin temor ante la adversidad. Imaginar lo peor, te ayuda a atravesarlo, afirma esta luchadora. Además, el dolor no resulta al final tan grande como el imaginado.

Cuando tengo un objetivo claro consigo esforzarme con entusiasmo. Por eso tengo que buscar aquello que me mueve y me aporta de verdad. Tener seguridad en mí misma e ir a por ello sin demora.

¿Conectas con la fuente de tu energía para realizar tus anhelos?

 

Poder dibujar a la Guerrera de la Paciencia fue una de las razones por las que decidí hacer el proyecto de las Guerreras de la Luz. Imaginar ese espacio interior, literal, como parte del espacio interestelar me pareció buena forma de reflejar el concepto que tanto me impactó cuando escuché hablar sobre las seis perfecciones para alcanzar la sabiduría.

La Paciencia es el gran bálsamo del mundo. Y con razón, con un poco de esta madre de todas las ciencias, se evita que emerja la emoción más dañina, la ira.

Ilustración: «La Guerrera de la Paciencia y su espacio interior». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

La misión de esta guerrera es ofrecerme el espacio interior necesario para no reaccionar con enfado ante lo que no me gusta. Pues lo que genera más violencia es empeñarse en acabar de forma instantánea con cualquier posible incomodidad o dolor.

La ira es un arma de destrucción masiva, tiene el poder de aniquilar nuestras relaciones. Aunque existen diferentes grados, una puede acostumbrarse a responder con impaciencia de forma habitual.

Por eso, la paciencia es la gran reparadora. A menudo, es sólo un espacio, una pausa, una breve coma entre lo sucedido y mi reacción. ¿Puedes concederte un respiro?, pregunta la dama serena.

Fue fascinante escuchar a un monje budista enseñarnos cómo cualquiera puede desarrollar paciencia, poniendo interés en ello y practicando. Para el cerebro imaginar y hacer es casi lo mismo, así que cuanto más lo ensayes, más efecto tendrá, aseguraba.

A veces, me visualizo ante situaciones y personas que ponen mi paciencia a prueba. Cuando siento venir mi enfado, busco suavizar mi reacción con la emoción opuesta.

Pero si a veces la tormenta se desencadena, procuro no machacarme porque voy siendo capaz de darme cuenta de mis reacciones. Y sigo en camino, buscando recordar ese espacio interior en el instante crucial. ¡Qué felicidad cuando lo consigo!

«¿Y tú, eliges aceptar el sabio fluir de la vida?»