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Con la llegada de marzo, mi mes, me entran ganas de ponerme en camino y sacar a la luz mis piernas. Pero esta vez mucho más consciente que otras veces. Me doy cuenta de lo importante que es estar feliz con ellas. Y que mis piernas se enteren, para regarme de salud y vitalidad. Son nuestras raíces, al fin y al cabo.

Ilustración: «Mis piernas». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Mis piernas son los pilares firmes y esplendorosos que me sostienen. Me llevan allá adonde quiero. Ligadas al viaje individual de la vida, son dos columnas que me unen a los pies y simbolizan cuán enraizada estoy.

Consideradas desde siempre objetos de belleza y deseo, las piernas han cautivado a artistas como Degas o Botero. Son sexys, se entrelazan y pueden llegar a ser acrobáticas. Dibujarlas para Cuerpo de Mujer ha sido un placer para mí y me gusta el tono oriental que ha tomado la ilustración.

Pero son mucho más: “Las piernas son poleas que nos ayudan a elevarnos y, a veces, sirven de anillo para rodear al amante”, según la escritora Clarissa Pínkola Estés. Y añade: “no pueden ser demasiado esto o demasiado lo otro. Son lo que son”.

Para crear mil y un movimientos, reales o imaginarios, las piernas combinan la potencia de los muslos y la versatilidad de las rodillas y los pies. El ritmo de nuestros pasos es la danza que nos permite expresarnos y graduar la intensidad de nuestro camino vital.

Mención especial se merece el mullido reino de los muslos. Envuelven el hueso más largo de nuestra fisonomía, el fémur, hasta dejarse engullir por las ingles y encaramarse por las caderas. Tan cerca de la cueva sagrada, tan sensibles, los muslos tersos de juventud, tiemblan sensuales al madurar.

Si acaricias tus piernas con amor y consciencia, te devolverán con creces tu conexión a la Madre Tierra y, todo tu cuerpo, se entregará a la dicha de estar vivo. Y eso, le hace mucha falta.

 

¿Estás atenta a los pilares que te sostienen en la tierra?

 

Empezar por los pies este calendario y agenda titulado Cuerpo de Mujer, era obligatorio, pues hay que sacar a la luz nuestras raíces. Tenerlos encerrados dentro de los calcetines, simbolizaba lo que he estado sintiendo con mi cuerpo todos estos años… Por eso este dibujo es para mí un gran símbolo de lo que significa descalzarse: tomar tierra, reconciliarme, regalarme sensaciones y arriesgarme a sentir.

Ilustración: «Amo mis pies». Acrílico sobre papel hecho con amor por Elena Caballero.

Los pies esos grandes olvidados. Un territorio secreto del cuerpo, casi tanto como el pubis o el pecho. Van siempre ocultos en invierno, a pesar de que descalzos reciben de forma más directa los dones de la Madre Tierra.

Cuando ando con la cabeza en las nubes, mis pies me ayudan a aterrizar. Si estoy atenta, se produce el milagro, trasladándome al aquí y ahora. Al estar en la parte más inferior del cuerpo, nos dan arraigo. Para avanzar, hay que estar apoyada en buenas bases.

Leonardo da Vinci los calificó como una obra de arte y una pieza maestra de la ingeniería. ¿No os parecen eróticos los pequeños dedos, el sensible empeine y el vulnerable talón de vuestros pies? A mí, sí y, en cuanto los atiendo con una mirada o caricia, responden gustosos y agradecidos. Os invito a probar.

Desde la visión de los chacras, así llamados los puntos de energía que recorren nuestro cuerpo, los pies son nuestras raíces simbólicas, te conectan con tu tribu.

Cuando toco mis pies, a veces siento sanar las pisadas de mis abuelas. Rescato las huellas que fueron dejando por la senda de sus vidas. Imagino cómo lavaron sus pies en jofainas de agua fría y los secaron con toscas toallas con olor a lavanda. Masajearlos, me enlaza con esas grandes mujeres de mi sangre. Siento que me transmiten su poder y que yo las honro recordando el mío.

Para mí, reconciliarse con los pies es poner paz a nuestras raíces y una sonrisa en la cara de nuestras abuelas.

 

¿Y para ti, cómo es la relación con tus pies? ¿Te gusta caminar descalza? ¿Por dónde?